“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre.”

Isaías 9:6-7

EMANUEL, DIOS CON NOSOTROS

El nacimiento de Jesús es sinónimo de encarnación, como bien lo dijo el profeta, “He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo,
Y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros.”
(Mateo 1.23) . Esta encarnación es confirmada por el apóstol Pablo en su carta a los Corintios, cuando dijo, “que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación.”

Dios se encarnó en la persona de Jesucristo para redimir al hombre de la condenación del pecado y de la culpa, y reconciliarnos así con Dios, proveyendo así paz en el interior del corazón del hombre.

Por medio de Adán se heredó la muerte, y por medio del nacimiento de Jesús se hereda la vida. En Adán todos mueren, en Cristo todos serán vivificados. Adán representa a una humanidad caída, mientras que Jesús representa a una humanidad redimida. ¿Bajo qué paternidad se encuentra usted?