“Cuanto está lejos el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones. Como el padre se compadece de los hijos, se compadece Jehová de los que le temen. Porque él conoce nuestra condición; se acuerda de que somos polvo.”

Salmos 103: 12-14

El temor a Jehová se refiere a la reverencia que su nombre merece, y esta reverencia proviene de reconocer que somos pecadores, y como tales, merecemos la muerte, resultado del juicio divino sobre el pecado. Dios se acuerda de que somos polvo, es decir, pecadores, cuya naturaleza aún no ha sido redimida del pecado, sino hasta que Cristo venga por segunda vez.

Gracias a la misericordia de Dios, “hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones”, es decir, nuestro pecado, por medio del sacrificio de la muerte expiatoria de Cristo en la cruz. Así como un padre terrenal se compadece de sus hijos, así Dios, nuestro Padre celestial, se compadece de todos aquellos que se acercan a él y se reconcilian con él, por medio de Jesucristo.