El primer mandamiento se refiere al objeto de nuestra adoración, prohibiéndonos la adoración de dioses falsos: “Yo soy Jehová tu Dios, que te sacó de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre. no tendrás dioses ajenos delante de mí” (Éxodo 20:2-3).


El segundo mandamiento se refiere a la manera en que esta adoración debe desarrollarse, prohibiéndonos adorar ni siquiera al Dios verdadero de manera indigna. También está requiriendo una adoración espiritual.
Éxodo 20:4-6: “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos”.


Si consideramos este mandamiento fuera del contexto del primer mandamiento, aparentemente sólo estaría prohibiendo la adoración de ídolos. Pero cuando lo consideramos junto con el primer mandamiento, dicha interpretación resulta inadecuada; simplemente sería una repetición del primero, pero en otras palabras. En primer lugar, Dios prohíbe la adoración de cualquier otro dios; y luego prohíbe la adoración de sí mismo por medio de imágenes.


El problema parece ser todavía mayor cuando leemos la advertencia tan severa que acompaña este mandamiento: “Porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen.” ¿Por qué se trata de una cuestión tan seria?


Lo que el Señor nos quiere decir es que no existe nada material que pueda representar los atributos de Dios en forma adecuada. Nos lo dice el profeta Isaías: “¿A quién me asemejáis, y me igualáis, y me comparáis, para que seamos semejantes? Sacan oro de la bolsa, y pesan plata con balanzas, alquilan un platero para hacer un Dios de ello; se postran y adoran. Se lo echan sobre los hombros, lo llevan y lo colocan en su lugar; allí se está y no se mueve de su sitio. Le gritan y tampoco responde, ni libra de la tribulación. Acordaos de esto, y tened vergüenza; volved en vosotros prevaricadores. Acordaos de las cosas pasadas desde los tiempos antiguos; porque yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí” (Isaías 46:5-9). Más adelante, Dios nos lo vuelve a decir en Isaías 42:8: “Yo Jehová; este es mi nombre; y a otro no daré mi gloria, ni mi alabanza a esculturas”.
En el libro de Deuteronomio encontramos una maldición para los que edifican esculturas o imágenes.


Deuteronomio 27:15 “Maldito el hombre que hiciere escultura o imagen de fundición, abominación a Jehová, obra de mano artífice, y la pusiere en oculto. Y todo el pueblo responderá y dirá: Amén.”
Las imágenes desvían al adorador de la fe verdadera. San Pablo nos lo dice en la carta a los Romanos: “Pues habiendo conocido a Dios no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible…” (Romanos 1:21-23).


La ley de Moisés también nos lo explica y lo advierte claramente en los siguientes versículos de los libros del Pentateuco:


Deuteronomio 15:16: “Guardad, pues, mucho vuestras almas; pues ninguna figura visteis al día que Jehová habló con vosotros de en medio del fuego; para que no os corrompáis y hagáis para vosotros escultura, imagen de figura alguna, efigie de varón o hembra,”
Levítico 26:1: “No haréis para vosotros ídolos, ni escultura, ni os levantaréis estatua, ni pondréis en vuestra tierra piedra pintada para inclinarnos a ella; porque yo soy Jehová vuestro Dios.”
Isaías 44:9: “Los formadores de imágenes de talla, todos ellos son vanidad, y lo más preciosos de ellos para nada es útil; y ellos mismos son testigos para su confusión, de que los ídolos no ven ni entienden.”
Isaías 44:10-11: “Quién formó un dios, o quién fundió una imagen que para nada es de provecho? He aquí que todos los suyos serán avergonzados porque los artífices mismos son hombres.”
Levítico 19:4: “No os volveréis a los ídolos, ni haréis para vosotros dioses de fundición. Yo, Jehová vuestro Dios.”
Isaías 31:7: “Porque en aquel día arrojará el hombre sus ídolos de plata y sus ídolos de oro, que para vosotros han hecho vuestras manos pecadoras.”
Isaías 42:17: “Serán vueltos atrás y en extremo confundidos los que confían en ídolos…”


Si la adoración a Dios mediante medios que no son dignos de él, está prohibida, deberíamos ser en extremo cuidadosos para descubrir cómo él es realmente para poder adorarle cada vez más como el único y grandioso Dios del universo, trascendente, espiritual e inescrutable.